Tu historia sobre la menstruación importa. Importa porque, en un mundo que se lucra con nuestra vergüenza, cuando alzamos la voz para hablar de cómo vivimos algo tan natural como la menstruación, le estamos diciendo a la sociedad que no nos callaremos. Tanto si tu historia te ha causado dolor como si la atesoras, contarla ayudará a sanar a todas aquellas personas a las que se les ha hecho sentir vergüenza por sangrar.
Reuní a algunas personas que recordaban la primera vez que tuvieron la regla y les pedí que compartieran sus historias. Sus palabras nos ofrecen solo una pequeña idea de cómo es tener la primera regla. ¡Sigue leyendo y déjate inspirar!
¿Béisbol y… sangre?
Historia de Samantha, de 28 años
Bueno, pues estaba en un partido de béisbol de los Cleveland Indians con mi padre y mis tíos. Tuve que ir al baño y mi padre me acompañó hasta allí. Entré en el cubículo y enseguida supe que algo iba mal. ¿Por qué había sangre en mis braguitas? ¿Por qué me dolía el estómago? Después de limpiarme lo mejor que pude y rellenarme los pantalones con papel higiénico, estaba pálida como un fantasma cuando salí a reunirme con mi padre. Le dije que estaba sangrando. Él, como buen padre, me hizo dar una vuelta para ver dónde. Se lo dije y entró en pánico. Llamó a mi madre desde una cabina telefónica y luego me llevó rápidamente a casa.
Mi madre me metió en la bañera y llamó al médico. ¿Por qué sangraba?
Me había venido la regla. Tenía 7 años. No tenía ni idea de que esto me iba a pasar. En un santiamén, me explicaron de qué se trataba. No, no me estaba muriendo. Sí, esto me seguiría pasando. Sí, seguía siendo una niña pequeña. No, en serio, no me estaba muriendo.
Mirando atrás, es una historia divertida de contar, pero, en aquel momento, fue bastante traumático. Sin duda, me daba mucho miedo. Me sentía humillada, sobre todo por ser tan joven. Me daban miedo los tampones en los meses de verano, así que, cuando me venía la regla (aunque me venía de forma esporádica —nunca sabía cuándo me iba a venir durante al menos tres años)—, las fiestas en la piscina y los parques acuáticos quedaban descartados. Odiaba mi cuerpo. Me sentía traicionada. Mi madre me pidió que no hablara de ello con mis amigas más íntimas, ya que ellas aún no habían tenido «la charla».
Ojalá la menstruación, allá por los años 90, fuera menos tabú. Ojalá fuera más fácil hablar de ello. Aunque no es que desee haber empezado tan pronto, la verdad. Siento que eso ha moldeado mi visión de mi cuerpo, para bien y para mal. Creo en la educación y en devolver lo que he recibido. No quiero que otra chica tenga miedo o carezca de lo que necesita. Intento contribuir y donar compresas, tampones y libros de educación sexual a los centros de acogida para mujeres siempre que puedo. No es mucho, pero es todo lo que puedo hacer. Por ahora.
Papá no siempre tiene la razón
Historia de Jessica, de 27 años
Crecí solo con mi padre y mis hermanos, así que, cuando me vino la regla por primera vez, no tenía a nadie con quien hablar de ello. Antes les había mentido a mis amigas diciendo que ya me había venido. Así que volví tranquilamente a casa del colegio, le dije a mi padre que se sentara y luego le dije: «Papá, necesito que me lleves a la farmacia para poder hablar con una señora». Se echó a reír y me preguntó por qué. «Se me está desprendiendo la capa externa del útero y necesito hablar con una mujer».
Creo que siempre me dio la sensación de que era algo de lo que no se podía hablar. No fue hasta que maduré y tuve amigas mayores cuando empecé a sentirme más cómoda y relajada con todo este tema.
Una relación con altibajos
Historia de Vanessa, de 34 años
Mi periodo siempre fue irregular. La primera vez sangré durante casi tres semanas. Luego pasaron unos meses antes de que me volviera a venir la regla. De nuevo, duraba entre dos y tres semanas, y luego volvían a pasar unos meses antes de que me volviera a venir. Lo odiaba: el dolor era difícil de soportar, pero el flujo abundante era aún más difícil de manejar.
Cuando empecé a tener relaciones sexuales, tenía una relación de amor-odio con la regla. Me encantaba cuando me venía porque significaba que no estaba embarazada. Odiaba tener dolores y sentirme sucia. Después de tener hijos, mis sentimientos siguieron siendo los mismos. Actualmente tengo un DIU, lo que ha hecho que ya no me venga la regla.
En cuanto a mis hijas, hablo con ellas sobre el tema de una forma adecuada a su edad. Para ser sincera, no tengo un plan concreto. Creo que quiero dejar que sean ellas las que marquen el camino, con una comunicación abierta, apoyo y ánimo cuando lo necesiten.
La época más dulce
Historia de Jenny, de 34 años
Bueno, yo maduré tarde y recuerdo que estaba en la clase de baile de 7.º curso y todas las chicas hablaban de tener la regla y a mí todavía no me había bajado. Me sentía como una marginada, sobre todo cuando me preguntaban si ya me había bajado. Entonces, unas semanas más tarde, iba caminando a casa y me detuve en el colegio de mi madre para ir al baño y ahí estaba: una pequeña mancha roja del tamaño de una moneda de veinticinco centavos. Me puse muy contenta. Corrí a la clase de mi madre para contárselo y recuerdo que se alegró muchísimo por mí y me llevó a comprar un nuevo conjunto de «mujer mayor». Es un recuerdo muy especial para mí.
¿Te acuerdas de tu primera regla? ¡Nos encantaría que nos lo contaras!
Foto: cortesía de Pinterest