Seamos realistas: tu pareja, tu ginecólogo y la enfermera que te hace la citología quizá sepan más sobre tu vagina que tú misma. Pero eso está a punto de cambiar. Recuperar el control sobre tu cuerpo y conectar con tu anatomía es una de las cosas más empoderadoras que puedes hacer.
¿Por qué es importante?
Hay demasiadas personas que evitan pedir ayuda para problemas ginecológicos porque les da vergüenza incluso pronunciar la palabra «vagina», y mucho más mostrarla a un médico. Ese silencio tiene graves consecuencias para la salud sexual, física y mental.
Y no nos olvidemos de los mitos:
- «¿Es normal que mi vagina huela así?»
- «¿Es raro o vergonzoso que las mujeres disfruten?»
- «¿Por qué el mío no se parece a los del porno?»
Spoiler: las vaginas son fabulosas, y no existe ninguna «perfecta». Cada vulva es única y eso es algo que hay que celebrar.
¿Por qué deberías explorar tu anatomía?
Tu cuerpo te pertenece. Y solo tú sabes lo que te hace sentir bien. Cuanto más explores tus sensaciones, mejor será tu vida sexual, ya sea en solitario o en pareja.
- Mapa del placer: Descubre qué te excita y dónde están tus zonas erógenas.
- Confianza en el propio cuerpo: Conocer tu anatomía te ayuda a sentirte más seguro y menos cohibido.
- Concienciación sobre la salud: Detectar cambios en el flujo, la textura o el aspecto puede ayudarte a detectar a tiempo infecciones o ITS.
Al igual que los penes, las vaginas y las vulvas tienen formas y tamaños muy diversos. No hay nada «normal», solo diferencias. Así que vamos a familiarizarnos con ellas.
Anatomía
Coge un espejo de mano y busca un lugar cómodo y apartado. Ponte en cuclillas o túmbate y échale un vistazo. Verás que:
- Clítoris: tu fuente de placer
- Labios mayores y menores: los pliegues externos e internos
- Abertura vaginal: por donde se produce la penetración y el flujo menstrual
- Uretra: por donde sale la orina
- Monte púbico: la zona blanda situada encima de la vulva
Conocer tu vulva te ayuda a detectar los cambios y facilita mucho la inserción de una copa menstrual.
Prácticas prácticas
Sí, nos referimos a la masturbación. Lávate las manos, ponte cómoda y explora. Usa los dedos, juguetes o cualquier cosa que te haga sentir bien. No hay nada de qué avergonzarse, solo placer y autodescubrimiento. Prueba diferentes técnicas, ritmos y presiones. Puede que descubras nuevas zonas erógenas o que experimentes sensaciones que ni siquiera sabías que existían. Y si utilizas juguetes, límpialos después con agua tibia o con toallitas limpiadoras para copas.
Tu vulva y tu vagina no son un misterio, son magníficas. Conocerlas es un acto de amor propio, de conocimiento del cuerpo y de empoderamiento. Tanto si te colocas una copa menstrual, como si mantienes relaciones sexuales o simplemente admiras tu reflejo, te mereces sentirte segura y en sintonía contigo misma.
Foto: Ilusiones en blanco y negro de Chema Madoz