Cómo las copas menstruales pueden ayudar a reducir la pobreza menstrual a nivel mundial

Cómo las copas menstruales pueden ayudar a reducir la pobreza menstrual a nivel mundial

Alrededor de 1.800 millones de personas tienen la menstruación cada mes; sin embargo, se calcula que 500 millones de personas menstruantes en todo el mundo carecen de acceso a los productos menstruales, las instalaciones y la información que necesitan para gestionar su menstruación de forma segura y digna. Para muchas de ellas, la menstruación no es simplemente una realidad biológica, sino que puede suponer una fuente de dificultades económicas, de pérdida de oportunidades educativas, de pérdida de ingresos y de estigma social.

Aunque la concienciación sobre la salud menstrual ha aumentado considerablemente en los últimos años, la pobreza menstrual sigue siendo un problema generalizado que afecta a personas de todas las regiones del mundo. Desde las comunidades rurales con infraestructuras sanitarias limitadas hasta las grandes ciudades, donde el aumento del coste de la vida hace que cada vez sea más difícil costearse los productos básicos para la menstruación, este problema es mucho más común de lo que muchos creen.

No existe una solución única para la pobreza menstrual. Sin embargo, las copas menstruales ofrecen una alternativa prometedora para reducir el coste a largo plazo de la menstruación. Duraderas, reutilizables y con una vida útil de hasta 10 años, tienen el potencial de hacer que los productos para la menstruación sean más accesibles, al tiempo que reducen los residuos y la dependencia de los productos desechables.

¿Qué es la «pobreza menstrual» y qué alcance tiene?

La «pobreza menstrual» es la imposibilidad de permitirse o acceder a productos para la menstruación, instalaciones sanitarias, educación sobre salud menstrual o atención sanitaria relacionada con la menstruación.

Aunque este término suele asociarse a los países de bajos ingresos, la pobreza menstrual existe en todas partes. La experiencia puede variar en función del lugar donde se viva, pero el problema subyacente es el mismo: las personas no pueden gestionar su menstruación de forma segura, cómoda y digna porque no tienen acceso a los recursos esenciales.

En muchas regiones de bajos ingresos, entre los retos se encuentran el acceso limitado al agua potable, a aseos privados, a productos para la menstruación y a la asistencia sanitaria. En algunas zonas de África subsahariana y del sur de Asia, las niñas pueden faltar al colegio durante sus períodos menstruales porque no tienen acceso a productos o instalaciones adecuados. Según UNICEF, solo el 39 % de los colegios de todo el mundo imparte educación sobre salud menstrual, lo que deja a millones de alumnas sin los conocimientos y el apoyo que necesitan para gestionar su menstruación con confianza.

Sin embargo, la pobreza menstrual no es un problema exclusivo de los países en desarrollo. En el Reino Unido, Estados Unidos, Australia y otros países de altos ingresos, muchas personas tienen dificultades para costearse los productos menstruales debido a problemas económicos. Las encuestas han revelado que los estudiantes y los hogares con bajos ingresos se ven afectados de manera desproporcionada, y que algunas personas llegan incluso a saltarse comidas o a recortar otros gastos básicos para poder comprar productos menstruales.

Las consecuencias de la pobreza menstrual van mucho más allá de las molestias físicas. Diversos estudios la han relacionado con una menor asistencia escolar, una menor participación en la vida laboral y comunitaria, un aumento del estrés y la ansiedad, y peores resultados en materia de salud. El estigma menstrual y los tabúes culturales pueden hacer que estos retos sean aún más difíciles de abordar, lo que disuade a las personas de buscar ayuda o de hablar abiertamente de sus necesidades.

Los costes ocultos de los productos higiénicos desechables para la menstruación

Los productos higiénicos desechables para la menstruación, como las compresas y los tampones, suelen considerarse artículos de primera necesidad. Sin embargo, su coste acumulado a lo largo de toda la vida puede ser considerable.

A lo largo de su vida, una persona media tiene la menstruación durante aproximadamente entre 35 y 40 años y puede llegar a utilizar miles de productos menstruales durante ese tiempo. Aunque el gasto mensual pueda parecer relativamente pequeño, se convierte en un coste recurrente que se repite año tras año. A lo largo de la vida reproductiva, el gasto total en productos menstruales desechables puede alcanzar fácilmente varios miles de euros, libras o dólares.

Para las personas que ya se enfrentan a dificultades económicas, estos gastos pueden resultar difíciles de asumir. Diversos estudios realizados en varios países han revelado que algunas personas retrasan la compra de productos menstruales, los utilizan durante más tiempo del recomendado o recurren a alternativas menos adecuadas porque, sencillamente, no pueden permitirse adquirir suficientes suministros.

En algunos casos, las personas que sufren pobreza menstrual recurren al papel higiénico, pañuelos de papel, retales de tela, periódicos u otros materiales improvisados. Otras se quedan en casa y no acuden al colegio, al trabajo o a actividades sociales porque no disponen de productos menstruales fiables. Estas realidades ponen de manifiesto por qué es importante el acceso a productos menstruales asequibles.

La fiscalidad también ha influido. Durante años, los productos menstruales han estado sujetos en muchos países al IVA o al impuesto sobre las ventas, a pesar de ser productos sanitarios esenciales. Las campañas contra el denominado «impuesto sobre los tampones» han dado lugar a reformas en varias regiones, pero su asequibilidad sigue siendo un reto para muchos hogares.

Los productos desechables también tienen un coste medioambiental. Las compresas convencionales suelen contener componentes plásticos que pueden tardar siglos en descomponerse, mientras que cada año acaban en los vertederos miles de millones de tampones, aplicadores, envoltorios y compresas.

Esta carga medioambiental no es la principal preocupación para quienes sufren la pobreza menstrual, pero pone de manifiesto las limitaciones de un sistema que depende de la compra y la eliminación constantes de productos. Además, ayuda a explicar por qué sigue creciendo el interés por los productos menstruales sostenibles.

¿En qué se diferencian las copas menstruales?

Una copa menstrual es una copa pequeña y flexible que se introduce en la vagina para recoger la sangre menstrual. A diferencia delas compresas y los tampones, que se tiran después de su uso, las copas menstruales se vacían, se limpian y se reutilizan.

Para quienes no están familiarizados con las copas menstruales, la idea puede resultar intimidante al principio. Sin embargo, millones de personas en todo el mundo las utilizan con éxito, y los estudios han demostrado que son una opción segura y eficaz como producto menstrual.

Una de las mayores ventajas de las copas menstruales es su rentabilidad a largo plazo. Aunque una copa menstrual supone una inversión inicial mayor que una caja de compresas o tampones, una sola copa puede durar hasta 10 años si se cuida adecuadamente. Esto significa que una sola compra puede sustituir a años de productos menstruales desechables, lo que se traduce en un ahorro significativo a largo plazo.

El impacto medioambiental es otro factor diferenciador importante. Dado que las copas menstruales son reutilizables, generan una cantidad de residuos considerablemente menor que los productos desechables. Una sola copa puede sustituir a cientos o incluso miles de compresas y tampones a lo largo de su vida útil, lo que la convierte en uno de los productos para la menstruación más sostenibles del mercado.

También hay que tener en cuenta aspectos importantes relacionados con la salud. La mayoría de las copas menstruales están fabricadas con silicona de grado médico, un material resistente, no absorbente y seguro para el cuerpo. A diferencia de los tampones, las copas no absorben la humedad vaginal ni dejan fibras.

A muchas personas les preocupan la seguridad y la comodidad, sobre todo cuando prueban una copa menstrual por primera vez. Los estudios han demostrado que las copas menstruales son, en general, seguras cuando se utilizan siguiendo las instrucciones. Al igual que con cualquier producto menstrual, puede haber un proceso de adaptación, pero la mayoría de las usuarias se sienten más cómodas tras unos cuantos ciclos.

Otra ventaja es su practicidad. Las copas menstruales suelen poder llevarse puestas hasta 12 horas, dependiendo del flujo y de las recomendaciones sanitarias locales. No dependen de una cadena de suministro constante, lo que las hace especialmente útiles en zonas donde el acceso habitual a tiendas o a productos menstruales es limitado.

Cómo las copas menstruales pueden ayudar a combatir la pobreza menstrual: la evidencia

Si se quiere considerar que las copas menstruales son una herramienta para reducir la pobreza menstrual, es importante analizar los datos disponibles.

Durante la última década, investigadores y ONG han estudiado cada vez más el impacto de las copas menstruales en entornos de bajos ingresos y con recursos limitados. Los resultados sugieren que las copas pueden ser una opción segura, rentable y sostenible cuando se combinan con una formación y un apoyo adecuados.

Una de las razones por las que las copas menstruales están llamando la atención de las organizaciones benéficas y de desarrollo es su larga vida útil. Una sola copa menstrual puede ofrecer protección durante un máximo de 10 años. En comparación con la distribución repetida de productos desechables, una donación única de copas o su compra subvencionada puede suponer, potencialmente, un apoyo mucho más duradero.

Las investigaciones realizadas en países como Kenia, Nepal, Zambia y la India han demostrado que el acceso a productos para la menstruación y a la educación sobre salud menstrual puede mejorar la confianza, reducir el estigma y favorecer la asistencia al colegio. Aunque los resultados varían en función del programa y del contexto local, los estudios demuestran de forma sistemática la importancia de contar con una higiene menstrual adecuada.

Al mismo tiempo, las copas menstruales no son una solución universal. El coste inicial puede seguir siendo un obstáculo, y el acceso al agua potable y a instalaciones sanitarias privadas sigue siendo esencial. Las actitudes culturales hacia los productos menstruales internos pueden influir en su aceptación, y algunas usuarias necesitan tiempo para sentirse cómodas con su colocación y retirada. Por estas razones, las copas menstruales deben considerarse una opción más dentro de un enfoque más amplio para abordar la pobreza menstrual —un enfoque que también incluya la educación, las infraestructuras, el acceso a la asistencia sanitaria, la reforma de las políticas y la participación de la comunidad—. 

Lo que sí demuestran los datos es que, cuando las copas menstruales se introducen de forma reflexiva y acompañadas de una educación integral sobre la salud menstrual, pueden ayudar a reducir la carga económica a largo plazo que supone la menstruación y ampliar el acceso a los cuidados relacionados con la menstruación.

La pobreza menstrual, un problema más cercano: no es solo una cuestión global

Cuando la gente oye el término «pobreza menstrual», suele pensar en comunidades lejanas que se enfrentan a dificultades extremas. En realidad, este problema está mucho más cerca de nosotros.

En el Reino Unido, Estados Unidos, Australia y otros países de renta alta, muchas personas tienen dificultades para costearse los productos de higiene menstrual. Los bancos de alimentos registran cada vez más solicitudes de productos de higiene menstrual, mientras que los colegios y las universidades han puesto en marcha iniciativas para ayudar a los estudiantes que no pueden permitírselos.

Los gobiernos también han comenzado a tomar medidas. En 2022, Escocia se convirtió en el primer país del mundo en garantizar por ley el acceso gratuito a productos para la menstruación. El «Period Product Scheme» de Inglaterra sigue proporcionando productos gratuitos a colegios e institutos. Han surgido iniciativas similares en Australia, Canadá y algunas zonas de Estados Unidos.

Estas políticas reconocen una verdad muy sencilla: los productos para la menstruación son esenciales, no opcionales.

Para las personas que atraviesan dificultades económicas en países con ingresos más elevados, las copas menstruales pueden ofrecer los mismos beneficios a largo plazo que en otros lugares. Al reducir el gasto mensual recurrente que supone la menstruación, los productos reutilizables pueden contribuir a que el cuidado durante la menstruación resulte más asequible con el paso del tiempo.

¿Qué hay que hacer para que los vasos lleguen a quienes más los necesitan?

Las copas menstruales pueden ser una herramienta muy útil, pero por sí solas no constituyen una solución completa.

Para que los copos sean accesibles a gran escala, es necesario invertir en educación, formación, redes de distribución e infraestructuras. Los gobiernos, las ONG, los profesionales sanitarios, los centros educativos y las empresas tienen todos un papel que desempeñar.

La educación reviste una importancia especial. Las personas necesitan información precisa sobre la menstruación, los productos menstruales reutilizables y cómo utilizarlos de forma segura. Los programas también deben tener en cuenta las diferencias culturales y responder a las necesidades locales.

Los consumidores de los países con mayores ingresos también pueden aportar su granito de arena. Apoyar a las marcas con una misión social, realizar donaciones a iniciativas relacionadas con la salud menstrual y abogar por mejores políticas son medidas que contribuyen a generar un cambio más amplio.

El objetivo no es simplemente distribuir más productos, sino crear sistemas que garanticen que todas las personas puedan gestionar su menstruación de forma segura, con confianza y con dignidad.

Cómo contribuye Lunette a la solución

En Lunette, creemos que todo el mundo merece tener acceso a productos para la menstruación seguros y sostenibles.

Desde hace más de 20 años, creamos productos menstruales reutilizables diseñados para que la menstruación sea más cómoda, asequible y respetuosa con el medio ambiente. A través de la Fundación Cup, cada copa que se compra contribuye a apoyar las iniciativas destinadas a mejorar el acceso a los productos menstruales y a la educación sobre la salud menstrual en todo el mundo.

Al fomentar conversaciones abiertas sobre la menstruación y compartir información fiable sobre la salud menstrual, esperamos contribuir a reducir el estigma y promover una mayor equidad menstrual.

Por qué deberías optar por las copas menstruales

La pobreza menstrual es un grave problema mundial, pero también es un problema que tiene solución. Aunque no existe una respuesta única, las copas menstruales se encuentran entre las herramientas más eficaces y sostenibles disponibles para ayudar a reducir el coste a largo plazo de la menstruación.

Al sustituir años de uso de productos menstruales desechables, una sola copa puede ayudar a ahorrar dinero, reducir los residuos y proporcionar una protección fiable durante la menstruación durante muchos años. Para muchas personas, esto hace que las copas menstruales no solo sean una opción práctica, sino también una opción que les da autonomía.

Tanto si quieres reducir tu impacto medioambiental, como si deseas reducir el coste de los productos para la menstruación o contribuir a un futuro más equitativo, las copas menstruales te ofrecen una forma sencilla de marcar la diferencia.

Si quieres saber más, echa un vistazo a la gama de productos sostenibles para la menstruación de Lunette y descubre cómo pueden beneficiar tanto a las personas como al planeta. Y si este artículo te ha llamado la atención, plantéate compartirlo, porque la concienciación es uno de los primeros pasos para acabar con la pobreza menstrual.