A menudo oímos hablar de la importancia de mantener un microbioma vaginal saludable, y se destaca a las especies de Lactobacillus como sus protectoras. Estas bacterias producen ácido láctico, que ayuda a mantener el pH naturalmente ácido de la vagina y previene las infecciones. Pero, ¿qué ocurre cuando estas bacterias «buenas» se vuelven demasiado dominantes?
Bienvenidos a la vaginosis citolítica, una afección poco conocida: un trastorno no infeccioso causado por un crecimiento excesivo de Lactobacillus, que provoca síntomas similares a los de las infecciones por cándida o las infecciones del tracto urinario (ITU), pero que requiere un tratamiento muy diferente.
¿Qué es la vaginosis citolítica?
También conocida como citólisis de Döderlein o síndrome de sobrecrecimiento de Lactobacillus, la vaginosis citolítica se produce cuando el entorno vaginal se vuelve excesivamente ácido debido a una sobreabundancia de bacterias Lactobacillus. Aunque en cantidades normales tienen una función protectora, estas bacterias pueden provocar irritación e inflamación cuando proliferan de forma desequilibrada.
Nota: La vaginosis citolítica no figura oficialmente en manuales de diagnóstico como la CIE-10 o el DSM-5, pero se describe en la literatura clínica revisada por pares y en estudios de casos. Fue caracterizada por primera vez por el Dr. Cibley en 1991.
Síntomas a los que hay que prestar atención
Dado que los síntomas se solapan con los de otras afecciones vaginales, la vaginosis citolítica suele diagnosticarse erróneamente. Entre los signos más comunes se incluyen:
- Picor o ardor persistente en la zona vaginal;
- Enrojecimiento e hinchazón de la vulva;
- Dolor durante o después de las relaciones sexuales;
- Sensación de ardor al orinar;
- Aumento del flujo vaginal, normalmente de color blanco o amarillento, y que puede tener una textura similar a la del requesón.
Diferencia clave: los síntomas suelen empeorar antes de la menstruación y mejoran durante el periodo, ya que la sangre menstrual eleva temporalmente el pH vaginal.
El papel del pH vaginal
Un pH vaginal saludable suele oscilar entre 3,8 y 4,5, lo suficientemente ácido como para inhibir los microbios nocivos.
- Un pH más bajo = más ácido
- Un pH más alto = menos ácido (más alcalino)
En la vaginosis citolítica, el pH puede descender por debajo de 3,8, lo que crea un entorno hiperácido que favorece la proliferación excesiva de Lactobacillusy provoca la degradación de las células epiteliales vaginales; de ahí el término «citólisis».
Diagnóstico y tratamiento
Es fundamental realizar un diagnóstico preciso, sobre todo porque la vaginosis citolítica presenta síntomas similares a los de las infecciones por cándida y la vaginosis bacteriana. El profesional sanitario puede realizar:
- Exploración pélvica;
- Análisis microscópico del flujo vaginal;
- Análisis del pH vaginal;
- Pruebas para descartar candidiasis, vaginosis bacteriana y tricomoniasis.
El tratamiento se centra en aumentar el pH vaginal y restablecer el equilibrio microbiano. Las opciones incluyen:
- Supositorios vaginales de bicarbonato sódico (por ejemplo, ¼ de cucharadita en una cápsula de gelatina, dos veces por semana durante 2 semanas);
- Baños de asiento con bicarbonato sódico (1 cucharada en agua tibia);
- Evitar los productos perfumados, las duchas vaginales y otros irritantes;
- Reconsiderar los productos menstruales si los síntomas empeoran durante el ciclo.
Consejos de prevención
Mantener un equilibrio en la flora vaginal es la mejor defensa. Ten en cuenta estos hábitos:
- Utiliza productos de higiene suaves y sin perfume;
- Lleva ropa interior de algodón transpirable;
- Cámbiate la ropa mojada inmediatamente después de nadar o hacer ejercicio;
- Evita las duchas vaginales;
- Evita mantener relaciones sexuales durante los brotes.
La vaginosis citolítica suele pasarse por alto o diagnosticarse erróneamente, pero conocer sus características específicas puede ayudarte a reclamar la atención médica adecuada.
Este artículo tiene fines meramente informativos y no debe considerarse un diagnóstico médico oficial. Se recomienda encarecidamente a las personas que presenten síntomas similares a los descritos que consulten a un ginecólogo cualificado y familiarizado con esta afección. Es fundamental realizar un diagnóstico diferencial exhaustivo para descartar otras causas comunes, como la candidiasis, la vaginosis bacteriana o la tricomoniasis. La evaluación médica personalizada sigue siendo la base de una atención adecuada.
Foto: cortesía de Pinterest